Se hizo costumbre

Imagen: Taller de Fotografía Estenopeica Luz en la Piel de YoNoFui

Una piba apareció ahorcada. Para nosotrxs ya no es noticia, no nos sorprende, se hizo costumbre, la tristeza se transformó en impotencia, en bronca que permanece subterránea bajo muchas capas de piel; a nadie parece importarle por fuera de los chats que compartimos junto a otras organizaciones, familiares y privadxs de libertad.

Es costumbre que dentro de los penales la gente se muera, ahorcada de forma dudosa, pinchada por una faca itinerante, muerta por falta de medicación, sin atención médica o torturada dentro de una celda de castigo; es costumbre que las personas lleguen a la cárcel por falta de recursos y que por esa misma falta de recursos no pueda salir.
Es costumbre que las personas salgan y vuelvan, porque afuera de los muros no hay trabajo, no hay posibilidad de encarar otro “proyecto” de vida, si no estás acompañadx.
Y la “compañía” es una mercancía de gran valor, es un capital que no todxs tienen. Estar en cana y que nadie te espere afuera, es más común de lo que muchxs creen.
Hoy también nos desayunamos con la foto de una mujer que tiene una escara, una mujer que está presa en la U22 de Olmos y que debió tener el arresto domiciliario (y si no hay familiares que la reciban en un domicilio, el Estado debió hacerse cargo de alguna forma y preguntarse qué se hace en esos casos); muchxs de nosotrxs vimos su foto en un chat casi no podíamos descifrar que tenía, en la imagen se podía ver como si algo se la devorara y emergiera, como si estuviera podrida por dentro, cómo está podrido el Sistema y sus soluciones a largo plazo. La perversidad de un sistema en estado puro. De una u otra manera, la pelota queda siempre de nuestro lado, pero estamos demasiado vigiladxs como para llegar a meter un gol. En la cárcel se pelean quien adhiere con quien no adhiere a una huelga de hambre, pelea de pobre contra pobre, mientras afuera se suceden las mesas de diálogo, y corre el café y el vasito de agua, adentro corre la sangre. Somos un número más, a nadie le importa, salvo cuando nuestras vidas están atravesadas por el filtro rojo y la edición en el programa de Mauro Szeta, cuando nos relatan a través del morbo.
Pero a nadie le importa la piba ahorcada, la mujer con escaras y tantos otrxs compañerxs de los que vamos sabiendo sus finales, apenas adivinando sus nombres. Hasta eso se hizo costumbre, lo único que se escapa de eso es la vida.

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Editorxs Tinta Revuelta

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