Esto no debería ser una noticia

Por Colectivo Editorial Tinta Revuelta

Santino y Valentino de 4 y 7 años perdieron la vida a raíz de un incendio que se desató  en la casilla donde vivían, junto a su padre, en la zona de Claypole, Partido de Alte Brown.

Al enterarse de lo sucedido Jesica Delgado, la madre de los niñes y quien se encuentra detenida en la Unidad N°33 en Los Hornos, pidió inmediatamente la autorización para ir a ver a sus hijes. La respuesta que recibió de las autoridades del penal fue rotunda: No. ¿Por qué? Porque que era feriado y la unidad no contaba con los medios para hacer efectivo el traslado. Aún cuando desde distintas organizaciones sociales, se hicieron las presentaciones correspondientes para que medie la autorización judicial.

Nos enteramos de lo sucedido a través de la organización Niñez Encarcelada, que trabaja en pos de los derechos de las mujeres privadas de libertad. Nuevamente son las organizaciones quienes visibilizan las violaciones de derechos que sufren las personas detenidas.

En la comunicación mantenida el martes por la noche con autoridades de la Subsecretaría de Protección de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, Tinta Revuelta supo que dicha institución aún no estaba informada de lo sucedido. Más tarde nos hicieron saber que los cuerpos aún se encontraban en la morgue judicial y que el velatorio se realizaría el día jueves, hoy,  y que garantizarían el traslado de la madre, Jésica Delgado al velatorio. Que dicha Subsecretaría estaba en comunicación con el Fiscal a cargo y que la autorización de traslado estaba confirmada por el funcionario judicial.

Lamentablemente una vez más, la Justicia llega tarde y por insistencia y presión de las organizaciones sociales y los organismos de Derechos Humanos. Este hecho tan aberrante como otros, se suma al largo listado de tragedias  por las que suele  pasar  una mujer presa. Estar privada de libertad, significa mucho más que no poder salir de la cárcel. Es estar rehén de un sistema que fagocita tu energía, tu identidad, cada costado de tu vida, el último ápice de dignidad que podía llegar a quedar luego de una vida atravesada por muchas violencias. La capacidad de autonomía perece ante la falta de voluntad de aquellos que deciden por vos como si fueras un mueble.

Porque estar presa, pareciera significar haber dejado el status de persona del otro lado del muro, para pasar a ser una cosa, un paquete, que trasladan de acá para allá, y acostumbrarte a eso, a que te disciplinen, a que la “gorra” juegue apuestas para ver “si te la bancás o mandás todo a la mierda”. Se te hace carne el “no” y esa negativa, significa no tener acceso a cosas que estando del lado de afuera no podrías creer en que hay un mundo paralelo en el que eso sucede. Sabés que ahí “adentro” te podés morir sin que te atiendan y sabés que seguramente ni siquiera vas a poder despedir un familiar cuando se muere, aunque lo diga la Ley. Y todo esto, pasa sin pena y sin gloria, porque nadie se entera.

Aprendés a tragarte las lágrimas y con ellas toda la impotencia, como si te taparan la boca con tierra, sin poder respirar. Así se debe sentir Jésica ahora.

La cárcel te arrasa, salís viva (si salís), a pesar de ella, y sabiendo que otras pasarán por lo mismo que vos. ¿Hasta cuándo?

 

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